Distingamos la novela del discurso político. En el discurso político se trata de instruir, convencer, conmover, impulsar a la acción, pero no de presentar objetivamente diferentes puntos de vista. En la política hay una parcialidad abierta que los auditores toman en cuenta. No se espera que un candidato subraye los puntos positivos del programa de su rival, sine que al contrario, su trabajo es deconstructivo, en busca de las contradicciones y de la irracionalidad escondida bajo la bruñida superficie del reiterado discurso o manual partidista de los demás. Al mismo tiempo, este mismo candidato debe expresar su propia posición con c1aridad, sacrificando 1a com1ejidad del pensamiento en aras de su efectividad, ocu1tando sus incongruencias, pues el público de la plaza anhela claridad y consignas. En cambio, el buen novelista trabaja con la ambigüedad de los símbolos y abre sus páginas al diálogo de las contradicciones que lectores pacientes y expertos deben desenmarañar.
En el amplio fresco de la vida española de posguerra que presenta Luis Goytisolo en Recuento, el personaje principal, Raúl, queda desplazado en los capítulos VI y VII por una avalancha de retórica partidista que viene de la izquierda, de la derecha, de los nacionalistas catalanes y de la iglesia. Cada una de estas opiniones fragmentarias de la realidad reclama para sí la verdad absoluta. No entran realmente en contacto unas con otras., sino que se explayan exhaustivamente hasta que el foco del narrador cambia y las abandona.
Al comienzo del capítulo, Raú1 y Aurora escapan de la policía, que los ha sorprendido mientras repartían octavillas llamando a una huelga general. Entran al templo de La Sagrada Familia donde ven en las imágenes cinceladas una lección de historia cristiana, pues el templo muestra el ciclo que va del árbol del Paraíso al árbol de la cruz, del pecado original a la redención de Cristo. Es una versión de la historia que ha perdido fuerza por la muerte del arquitecto (Gaudí, pero también posiblemente Dios), y la fronda arquitectónica ahora desemboca en la nada: "Había sonado un silbato y los obreros estaban plegando, se dirigían hacia los barracones, se fregoteaban y pe i n a b a n congregados en torno a un grifo , s e mudaban , mientras , allá en lo alto, la estructura de la fábrica aparecía taladrada de fulgores, vanos abiertos a nada, accesos que conducen a ningún sitio , fulgores cada vez más a1tos de aquel crepúsculo esplendente" (151). En esa oquedad crepuscular abandonada por sus obreros (una imagen que no puede menos de conectarse simbólicamente con el debilitamiento del poder de la Iglesia en España), Raú1 deja caer una lluvia de octavillas, “una especie de vacío socialista” (151) que no es más que la misse en abime del vacío retórico dentro del vacío arquitectónico.
A continuación se da una visión a vuelo de pájaro de la ciudad en su historia, desde la villa medieval hasta la época contemporánea, cronológicamente ordenada por la aparente lógica de las fechas. Este pro1egómeno 1leva a1 comienzo del monólogo del líder comunista Escala--cuyo nombre remite a la idea marxista de la historia como progreso--donde aparece la imagen estereotípica de los obreros, con sus " desnudas manos de proletario" y "puños alzados, martilleantes" (156). Goytisolo simplemente anota y acumula: los lectores debemos detectar la fatiga de estas formas de lenguaje y su rigor mortis que se revela en la reiteración mecánica de consignas.
Escala comienza por distinguirse de los demás, escindiendo la unidad nacional en triunfo del partido, debido, los marxistas poseen "un método de análisis de la realidad totalmente científico. Es decir, que somos capaces de apreciar la realidad tal cua1 es " (156). Escala propone que se tome "1a realidad como una ecuación o un teorema, sin dejarnos arrastrar por idealismos, misticismos o metafísicas” (157). Utiliza un vocabulario plagado de lugares comunes: "creciente toma de conciencia colectiva" (158), "Me refiero al hecho cualitativamente nuevo de que nuestra ideología, la ideología comunista, pueda prender como ha prendido en las diversas capas burguesas a través de sus propios hijos, la juventud, la España de mañana, un fenómeno que es fruto, a todas luces, del grado de inso1ub1e que existe entre 1as fuerzas productivas y e1 régimen oligárquico de producción" (158). Pero todo el farragoso discurso va encaminado a disuadir a Raú1 de la acción directa , poniendo toda su esperanza en la huelga general que la lógica dialéctica ve como inevitablemente exitosa. Sin embargo, esta huelga fracasa. En el segundo encuentro con Escala, el líder simplemente reformu1a su posición para acomodarse a los hechos : e1 fracaso de la hue1ga y 1a estabi1idad económica son ahora motivos de optimismo, al igual que antes lo fueron el éxito pronosticado de la huelga y la crisis económica del capitalismo. ("Escala, personalidad fascinante, todo lógica y realismo, rigor y método, implacable y preciso como una máquina así en sus aná1isis teóricos, en sus exposiciones vertidas en términos dialécticos, por encima de operaciones solo formalmente verdaderas … " p. 201.)
La perspectiva del narrador y de los lectores hace que el éxito pronosticado para la huelga en los términos más "objetivos" resulte patético. Lo que se viene a demostrar exhaustivamente es que estas afirmaciones supuestamente objetivas son una forma de ficción particularmente cerrada al diálogo y reacia a enfrentarse a observaciones frescas que contradigan afirmaciones canonizadas. En este sentido recuerdan la ciencia medieval, lo que hace apropiada 1a presencia dominante de la Sagrada Fami1ia de la Catedral en este capítulo. El padre de un preso político establece la conexión de la izquierda con el fervor religioso: “Somos como los primeros cristianos que sufrieron hasta diez persecuciones" (165). La implicación ominosa es que pueden también formar una iglesia y de hecho más tarde una descripción de la Sagrada Familia se transforma en una descripción de "la fachada de la revolución" (182). Escala suele pasearse por los corredores de la catedral. Los estudiantes advierten 1a fa1ta de amp1itud y de vida en este 1enguaje revolucionario y catedra1icio, a1 comentar sobre un 1íder de izquierda que "parece un poco fuera de onda… es un buen tío. Pero e1 tipo está tan metido en sus discusiones y 1ecturas políticas que llega a perder de vista la realidad" (165).
Debemos recordar que Luis Goytisolo fue miembro del partido comunista y participó activamente en la lucha política, siendo encarcelado en una ocasión. La larga evocación del lenguaje marxista intenta ais1ar e1 discurso doctrinario, encasillar1o , contenerlo, como en una jaula de zoológico o en un museo de historia natural, dejando en claro la distancia que hay ahora entre e1 nove1ista y su a1ter ego literario Raúl. De hecho, 1a primera conversación con el líder comunista tiene lugar en un museo, demostrando así por implicación de contigüidad que ese tipo de discurso ha pasado a ser obsoleto. ¿Pero qué se nos ha dicho de la retórica política?
En El sofista, de Platón se distinguen dos maneras de argumentar: mediante discursos o mediante preguntas y respuestas. Escala elige la primera forma, ensimismada, autosuficiente. Está más interesado en instruir que en conmover o deleitar.La carencia de diálogo auténtico se manifiesta no só1o por e1 silencio del supuesto inter1ocutor, Raú1 (llamado aquí Daniel), sino también por la yuxtaposición en estos capítulos de al menos otras cuatro formas discursivas: el discurso fa1angista de la tía Montserrat, la prédica de la doctrina mediante las imágenes de la Sagrada Familia, el catalanismo y la acción política de los estudiantes universitarios (petardos, octavillas). En El sofista, Platón escribe el trabajo depurador del filósofo; "Cuestiona cuidadosamente todo lo que alguien dice cuando cree que está diciendo algo pero no dice nada. Y entonces… una vez que ha reunido las opiniones que han dado en sus discursos las pone unas junto a otras, y al hacerlo así muestra que las opiniones no pueden sustentarse simultáneamente sin contradicción y sí se liberan de las grandes y rígidas opiniones que los encierran" (230B).
Esta técnica de1 ensamb1aje contradictorio es la que utiliza Goytisolo, contraponiendo hablantes y situaciones en que se advierte 1a miopía y e1 dogmatismo doctrinario. Cuando Raúl entra al museo describe la situación del pseudo-diálogo con Escala: "y habían proseguido juntos el recorrido, contornando las ruinas diseminadas a 1a 1uz quieta, paredes terrosas , oquedades, pavimentos fragmentarios, deteniéndose ante 1as vitrinas, sarcófagos, maquetas, bustos de mármol, hablando sin mirarse, mirando sin ver aquellos objetos etiquetados" (198). El discurso de Escala es miope porque no ve a su supuesto dialogante ni ve los objetos inquietantes que lo rodean: ruinas diseminadas, oquedades, pavimentos fragmentarios. Se contenta con leer etiquetas que reemplazan al objeto presente en su vitrina inútil. Irónicamente, pasan frente a 1as vitrinas que muestran restos de los iberos, los griegos, los fenicios, los preromanos, los romanos, los visigodos, vitrinas que historia del noreste de la península mientras que Escala habla del apoyo del partido comunista al catalanismo (218).
Luego de que fracasa la huelga y los estudiantes pasan un tiempo en la prefectura de policía, los estudiantes imaginan que su líder Fortuny “a estas horas estaría paseando con Escala por los soleados claustros de la catedral, espaciosas crujías de suavizados suelos, con lápidas sepulcrales intercaladas entre las losas, inscripciones, emblemas como limados, apenas descifrables, en torno al patio enverjado" (210). Pero alrededor e este patio enverjado se encuentra la ciudad, que se va estableciendo como la a1ternativa retórica a1 ensimismamiento y rigor estéril de los discursos políticos. La polis y la política parecen aquí en conflicto, pues contra la jerarquía, lógica, linealidad y exclusivismo del discurso político , la ciudad pone la simultaneidad anárquica, la espontaneidad jamás contenida por los sucesivos planes urbanísticos, la acumu1ación de proyectos diversos, muchos de ellos apenas resabios de esfuerzos fallidos, y la abarcadora geografía de la calle y el teléfono, en suma, del interminable diálogo multitudinario. Una cita del Quijote desemboca en esta enumeración de diversas formas de organización que bien podrían ser una descripción de una novela: "ave fénix fascinante, ciudad transfigurada, construida con sus propias ruinas, reconstruida, superpuesta, yuxtapuesta, implicada, entreverada, ensanchada, enaltecida, enclaustrada, enceldada, compartimentada, fragmentada, arrinconada, enconchada, desestructurada, demo1ida, soterrada, resucitada de sus propias cenizas, críptico paisaje desmoronado … " (216),
En contraste a la visión dialéctica y optimista de la historia de Escala, se ve una historia constantemente reescrita para soldar los quiebres radicales de la historia: "Barcelona separatista de 1934, Barcelona anarquista de 1936, Barcelona comunista de 1937, Barcelona fascista de 1939, vitoreante, apoteósica, acaudillada, versatilidad sintomática…Historia de un pueblo más que escrita, reescrita, adaptada a las necesidades históricas del pueblo" (280).
El narrador, entonces, vuelve su vista a la ciudad y la escribe como un proceso de proyectos que han ido caducando: “Obra insólita que, estructurada a partir de elementos fragmentarios, indistintos, llega a conformarlos en un todo cambiante, evolutivo, lleno de contradicciones y coherencias, de simetrías asimétricas, contrastes, resonancias, repeticiones, giros y elipses, alusiones y elisiones, concreciones minuciosas, abstracciones, formas derivantes y derivadas, en fuga , como una hélice que asciende y gira, se desvanece en el vacío" (170-171) En esta oposición entre Escala y “hélice”, entre museo y ciudad, entre discurso político pseudo-científico y la ciudad viva (incluso la acumulación de neo-estilos en el cementerio, 171) se sitúa la novela.
Esta oposición polis/ discurso político se comp1ica, sin embargo, porque está planteada en términos que no pueden describirse sino como posmodernos: no queda ya en esta ciudad plagada de historias inconexas la posibilidad de lo original o lo nuevo. El comienzo de la sexta parte de Recuento, con una secuencia de palabras en que se destaca la penumbra, una secuencia de palabras yuxtapuestas y carentes de verbo, impide idealizar 1a ciudad como discurso ideal: "Nubes, fulgores, transparencias, no rojo ni topacio ni celeste, crepúsculo inestab1e " (147). Contra 1a aurora de Nietzsche y e1 rojo comunista, el no-rojo de un crepúsculo (¿de los dioses, de las ideologías?), inestable. La escena siguiente muestra al personaje que focaliza la acción (Raúl) inmerso en la ciudad, "vista como una acumulación de coches, tranvías, escaparates, transeúntes, periódicos. Pero estas imágenes no se observan directamente, sino que son vistas en reflejos y distanciadas por el cristal oscuro de las gafas de sol: "Miradas, destellos, reflejos en los parabrisas, en las ventanillas de los coches, de los tranvías, en las lunas de los escaparates, en el cristal de los portales, imágenes superpuestas, fragmentarias, en movimiento, la marcha demasiado lenta de los transeúntes, exasperantemente entorpecedora. Se volvió a calar las gafas de sol” (147). Hoy podemos ver claramente características aquí de lo que ha venido a llamarse postmoderno, en la acumulación de imágenes repetidas, de segunda mano, reflejadas en otra superficie, un maremágnum por donde el individuo pasa confundido con la multitud. El tercer párrafo insiste en el carácter mediatizado de la experiencia urbana, destacando los periódicos, e1 escaparate, 1a televisión, los ref1ejos: "Caminaban muy juntos, del brazo, quizá demasiado aprisa. Había un quiosco de periódicos o, al menos, gente en torno a un vendedor de periódicos, y el quiosco era de castañas. También había gente ante un escaparate de e1ectrodomésticos, mirando 1a te1evisión, y más aun ante la parada del tranvía, todos a la expectativa, apiñados en indeciso asalto hacia el estribo todavía no detenido, ya rebasados mientras crecía el rechinar y los cristales se sucedían cargados de fugaces espejeos" (147). Entre esos textos e imágenes infinitamente reproducidos, esta visión de los jóvenes intelectuales, del brazo, adquiere carácter emblemático: van quizás demasiado aprisa, en la vanguardia de un proletariado inexistente, pues el real vive a la expectativa no de la hue1ga, sino de los espejismos de la sociedad de consumo que va imponiendo su propia voz en la capa más reciente sobre la ciudad.
Así, sin deformar los diversos discursos políticos, simplemente yuxtaponiéndolos unos a otros y a 1a ciudad misma, se revela su ineficacia para dar cuenta de lo real. Pero no porque Goytisolo quiera proponer una síntesis superior o una revelación exacta, sino porque la vastedad de lo existente y los avatares del tiempo hacen, como medita e1 narrador en un instante en que duda de su propia empresa narrativa, que hablar y escribir no sean más que "un reflejo en el agua" (204).