Inicio
Obra y crítica
Análisis comparados
Las afueras
Las mismas palabras
Antagonía
Estela del fuego que se aleja
L.G. o la vida es un libro/Luis Suñén
David K. Herzberger
Hacia la aventura de la narrativa/Santos Sanz Villanueva
Investigaciones y conjeturas de Claudio Mendoza
La paradoja del ave migratoria
Fábulas
Estatua con palomas
Tres novelas triviales
Diario de 360º
Liberación
Oído atento a los pájaros
Cosas que pasan
Noticias
 



                                               

        Luis Goytisolo fue es­critor de muy mo­derada producción en los tiempos del auge generacional de los narradores del medio siglo. Tan sólo publicó entonces «Las afueras» (1959) Y «Las mismas palabras» (1962). Más tarde, en contraste con otros compañeros de pro­moción, su obra creció enormemente: dos tomos de curiosos relatos y los densos volúmenes de «Antagonía» (1973- 1 981). Esta ambiciosa y compleja tetra­logía es, en sustancia, la  historia moral de los jóve­nes coetáneos del novelis­ta, sobre los cuales había escrito ya en «Las mismas palabras». En «Antagonía» ocupaba un gran espacio su educación intelectual, su compromiso político; se in­sertaba, además, una reflexión sobre el propio arte literario. La crítica alabó con justicia -aunque no sin hipérboles- el empeño y subrayó lo novedo­so del orbe literario de Goy­tisolo. No lo era tanto y hay que recordarlo para situar en su contexto «Estela del fuego que se aleja».

En efecto, «Estela » guarda inesquivables seme­janzas con «Antagonía» y también con los libros ante­riores. Tanto el núcleo fun­damental de inquietudes te­máticas como la visión lite­raria del mundo es persis­tente en Goytisolo. Entre aquéllas destaca la observación de un sector de la sociedad catalana, la juventud burguesa, sobre todo los grupos resistentes al franquismo, con sus virtu­des y sus contradicciones. Respecto de la segunda, normalmente ha acudido a un perspectivismo que le lleva a fraccionar el relato (“Las afueras”), a sumar historias (“Las mismas palabras", “Antagonía”).

      Parecidos planteamientos aparecen en “Estela ... “. El  libro se inicia con la his­toria de un protagonista de­nominado A que es el mismo catalán  acomodado e inquieto de todos los libros de Goytisolo. En “Estela ... " quizá se insiste más en su activismo político y se destaca, ante todo, su exul­tante actividad erótica. Rasgo, por otra parte, coin­cidente con el perfil de tantos jóvenes de las nove­las antiburguesas de hace unos pocos lustros: los per­sonajes de Marsé «Encerra­dos con un solo juguete» o aquellos otros de García Hortelano que fornicaban

     «Estela ... », a pesar de su entusiasmo formalista, no representa sólo aquello que un teórico francés denomi­naba la sustitución de la narrativa de la aventura por la aventura de la narrativa. Al contrario, concluye con una interesante exploración de las relaciones vida-litera­tura: las vinculaciones entre autor, personaje y obra lite­raria. El juego de variados narradores intrincada y su­gestivamente entrelazados envía a una realidad extra­novelesca. Ese mentado personaje B conoce, a su vez, a un escritor finlandés llamado Suil Yotgoilos. Es patente que se trata de un anagrama mediante el que se camufla el nombre del propio Luis Goytisolo.

     De este modo, tras la amena lectura de «Estela ... » comprendemos, que -aparte el juego artístico- ­toda la novela nos conduce a su propio autor y plantea una indagación autobiográ­fica la trayectoria humana y las incertidumbres estéticas del mismo Goytisolo. No se piense, sin embargo, en un libro egocentrista. Tras el novelista apenas se disimu­la una catarsis que afecta al proyecto cívico y literario de la generación del medio siglo; se trata, pues, de una reflexión -o de un ajuste de cuentas- colectiva con su buena dosis de escepti­cismo y de .agudo criticis­mo.

     Toda la obra de Goytiso­lo adquiere, por tanto, la fi­sonomía de una gran serie que se ha ido haciendo y madurando a lo largo del tiempo. «Estela .. _» la cierra con la óptica del narrador maduro y autorreflexivo y la confiere nítidos perfiles. Desde este punto de vista que podemos llamar estruc­tural, posee un gran interés. Sobre todo, para estudio­sos y críticos. Dudo, sin embargo, que sea equivalente el atractivo si se con­sidera fuera de ese proyec­to (el lector común no tiene por qué estar al cabo de la calle de estas cuestiones). . Además, veo una peligrosa inclinación de Goytisolo a demorarse en temas que ya ha explorado bastante. Ob­servo, también, una preo­cupante ausencia de nuevos estímulos, hasta el punto de que, a veces, pa­rece haber escrito “Este­la ... “  con cabos sueltos o con restos de sus otras no­velas. Detecto, incluso, algún descuido de expre­sión (el protagonista aban­dona el cuarto de una mujer y dice el narrador: «Salió a portazos, el de la habita­ción, el del apartamento, el del coche», p. 57). En fin, “Estela ... " es un relato fluido, escrito con extraordinario dominio de la técni­ca, que es su mérito más sobresaliente. Pero no al­canza la categoría de una gran novela. Muestra tanta habilidad formal que es de lamentar que Goytisolo no la haya puesto al servicio de una empresa de mayor en­vergadura.

S.S.V.

<< Todo ese material narrativo -expliqué no muy seguro de mí mismo, de no estar enseñando excesivamente mi juego- se organiza en torno a unos cuantos núcleos temáticos relacionados con el protagonista, amigos, matrimonio, familia, infancia, actividades políticas de su época de estudiante, aventuras amorosas, etcétera; pequeños episodios que, aunque aparentemente inconexos y hasta irrelevantes, terminan por configurar una imagen acabada tanto de lo que nuestro personaje es, como de lo que hubiera querido llegar a ser ( ... ) Es aquí, continué diciendo, donde nuestro protagonista toma su segunda determinación: escribir una obra sobre ese hombre que hubiera podido ser, verse a sí mismo desde fuera, objetivarse en un libro susceptible de redimirle de la ignominia que ha presidido su vida. >>

(En las páginas 184-185 de «Estela del fuego que se aleja») 

Diario 16, Disidencias, 1984

  Top