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      Un célebre arquitecto, presumi­blemente catalán -la huella de Antagonía está también presente en este nuevo relato de Luis Goy­tisolo-, prepara la realización de una película titulada Ensayo general que trata de un matrici­dio frustrado. Su esposa, mien­tras tanto, inteligente e hiperse­xualizada, lleva un diario íntimo, que finalmente parece haber per­dido esa intimidad, pues resulta ser una novela ya publicada y que recoge sus juicios y opinio­nes sobre su vida sexual y la de sus partenaires. Un hermano de la mujer, homosexual y mafioso, resulta finalmente asesinado a la manera que lo fue Pier Paolo Pa­solini. En medio del relato, un viaje turístico estallado que em­pieza en el Nilo, prosigue por Nueva York y termina en las islas Galápagos. Una insólita con­ferencia de prensa relativa a la película resulta ser una tensa y crispada confesión que mezcla verdad y mentira, realidad e ima­ginación, o acaso las sospechas de una y otra. Algunos recuerdos familiares. Al final, la película, de la que apenas se han rodado al­gunas escenas, está basada en la célebre novela La paradoja del ave migratoria, que nadie conoce. ¿Quién ha muerto? ¿Quién ha matado y por qué? ¿Y qué más da si todo es verdad? Luis Goyti­solo ha dado una nueva vuelta de tuerca a una narrativa que refle­xiona mientras se cuenta sobre el propio arte de narrar.

     Tras la gran suma primera con la que empezó Antagonía, el grue­so volumen titulado Recuento, que recorría el camino del realis­mo crítico al desbordamiento fi­nal barroco, simultáneo y sucesi­vo, Luis Goytisolo fue trazando tres vectores de fuerza posterio­res, donde la investigación sobre el cómo sucedía a la exposición del qué. En la posterior Estela del fuego que se aleja se lanzó a la busca del quién de la voz narrati­va, del autor, aunque totalmente distante y objetivado de la propia escritura. Y ahora se asoma al abismo de la escritura misma, que se configura como si se escri­biera sola. 

     Luis Goytisolo está bien armado para esta operación; su escritura se hace cada vez más sutil y ma­tizada, se carga de sentido inte­lectual y escatología, de preci­sión y obscenidad. Es una escri­tura serena e irónica al mismo tiempo, pero que no rechaza la tragedia, pues su pensamiento es fundamentalmente trágico. Pero la escritura a la que aquí se aso­ma no es la prosa ni el estilo, sino su sucesión, esto es, su estructu­ra y organización, abandonada, además, aquí a su propia suerte, sin voz narradora propia -o con una voz anodina que mezcla todas las demás- y con un deses­perado deseo de objetivar y equi­librar todo ese conjunto en apa­riencia desordenado, pero que aspira a su orden propio. La Pa­radoja del ave migratoria es un re­lato complejo, pero servido en su prosa y detalles de manera abso­lutamente transparente.

     Ya se sabe que el lenguaje lite­rario frente al lenguaje propia­mente dicho es multívoco, con­notativo, ambiguo y plurisignificativo. El lenguaje usual depende de una realidad extraverbal y tiende a la univocidad y a la de­notación. El lenguaje literario crea su propia realidad -aunque sea imaginaria- y no depende más que de sí mismo. Es hipersig­nifieativo. Pero esa sobrecarga es­pecial de sentido incrementa su ambigüedad; no la imprecisión, pues la precisión a la que aspira es otra: no se refiere a sus conte­nidos reales, sino a los imagina­rios. Luis Goytisolo lo sabe muy bien, y por eso su escritura tiem­bla sin cesar, pese a su transpa­rencia y diafanidad.

     La paradoja... podría ser un folletín con crímenes, adulterios, perversiones y hasta con su car­ga de reflexión sobre el misterio de la creación literaria. Es un producto arriesgado, ambiguo y misterioso, que se lee de un tirón. Una nueva presión que su autor ejerce sobre su propia obra y so­bre la literatura española de nuestros días. Un nuevo paso más allá, acaso a tientas, siempre a la intemperie y siempre ponién­dose -sobre todo- en tela de juicio. Ejemplar.

El País Libros/ 16 de abril de 1987

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