Inicio
Obra y crítica
Análisis comparados
Las afueras
Las mismas palabras
Antagonía
Estela del fuego que se aleja
Investigaciones y conjeturas de Claudio Mendoza
La paradoja del ave migratoria
Fábulas
Erase una jaula/Ignacio Echevarría
Estatua con palomas
Tres novelas triviales
Diario de 360º
Liberación
Oído atento a los pájaros
Cosas que pasan
Noticias
 



 "Desde el escenario, pudo verse a sí mismo sentado en la fila cero, hojeando distraídamente el programa. Se contempló con satisfacción. ¡Ha venido!, musitó." 


Este libro conserva intacta toda su dinamita. El transcurso del tiempo no la ha humedecido. Quien se arriesgue a recorrer sus páginas, se expone, pues, hoy como hace treinta años, a un violento estallido de conciencia cuya onda expansiva, de hecho, el tiempo transcurrido no ha contribuido más que a dilatar. Produce algún espanto considerar que los primeros textos de este libro fueron escritos en fecha aparentemente tan lejana -y tan emblemática, por otro lado- como 1968. ¿Será posible que ya entonces todo, absolutamente todo, estuviera allí, expuesto a la mirada concéntrica, insomne, de quien tenía ojos para verlo? Pero así es, en efecto. Todo, absolutamente todo, estaba allí, incluso desde mucho antes de que este libro fuera escrito. El retrato de la sociedad contemporánea que se desprende de estas páginas es tan rigurosamente vigente y perspicaz como, por poner un ejemplo, los análisis que sobre la misma volcó Adorno en sus apuntes de los años cuarenta, recogidos luego en Minima Moralia (1951). Hasta se podría hablar, puestos a ello, de una remota afinidad entre los dos libros, que invita a pensar en este de Luis Goytisolo como una Minima Fabularia. En cualquier caso, tal es el primer efecto del estallido de conciencia del que se ha hecho mención: la consternación que, una vez más, produce saberse prescrito (es decir, pre escrito). La constatación, una vez más, de que la propia vida formaría parte de un sueño que ni siquiera ha soñado uno mismo.

     "Despierta a este imbécil. ¿Quién es este imbécil? Pasa la página. ¿No le conoces? Mírate en el agua quieta" (p. 13).

    -¿…?

    -¡Pero qué imbécil!

Vaya el lector a la página 44 de este libro y haga el favor de leer el párrafo que comienza con las palabras "Otra cosa no espere de nosotros el enemigo ...”

     ¿Lo ha hecho ya? Y bien, ¿a qué le suena?

     En efecto: las mismas palabras podrían ponerse en boca de George Bush o de cualquier otro representante de la actual Administración norteamericana. Punto por punto.

     Resulta estremecedor que en 1968, más de treinta y cinco años antes de que una "coalición internacional" liderada por Estados Unidos invadiera Irak, se pudiera prefigurar a tal extremo la retórica de lo que hoy se postula como "nuevo orden mundial". Pero así es.

     Así es, véase si no:

"Diferencia entre nosotros y nuestros enemigos: nosotros estamos con la ley; ellos no. Esto nos permite recurrir legalmente a sus mismos procedimientos con la ayuda de nuestros cuadros, de nuestras escuadras, de nuestros escuadrones" (p. 66).

     A la luz de este y otros pasajes, tienta hablar del carácter premonitorio de unos textos que parecen escritos con una poderosa intuición de lo que estaba por llegar. Pero no, no es así, al menos no exactamente. Se ha dicho ya: todo, absolutamente todo, estaba allí. Nada estaba por llegar porque ya había llegado todo.

     Si un libro como este parece a veces -a menudo, más bien­- visionario se debe únicamente a que responde a una visión agudísima de la realidad, capaz de atravesar la cáscara de la actualidad y reconocer sus mecanismos profundos. Mecanismos que obedecen a una lógica establecida desde mucho antes: desde que empezó a configurarse lo que cabe entender por "cultura de masas".

     Esto es fácil de corroborar por lo que toca a las estructuras evidentes del poder, a las conductas y a los comportamientos de los poderosos, a sus máscaras retóricas, que en este libro son objeto constante de parodia. Al fin y al cabo, el poder, cualquiera sea su signo, y en cualquier época, obedece siempre a idénticos resortes, según vino a demostrar Elías Canetti en su obra fundamental, Masa y poder (1960).

Más sorprendente resulta la perspicacia de Luis Goytisolo a la hora de tratar narrativamente aspectos específicos de la sociedad y la cultura de masas cuya instrumentalización e incidencia profundas quedaba lejos de ser tan evidente hace cuatro décadas. Muy en particular cabe referirse aquí a la televisión y a la publicidad, que por las fechas en que fueron escritos los textos de Fábulas estaban lejos de poseer -y menos aún en España- el relieve, el protagonismo creciente -apabullante- que desde entonces no han dejado de adquirir.

     De hecho, el tratamiento que Goytisolo da en este libro a la televisión, la forma   en que a momentos acierta a "formatear" la propia escritura del libro y la imagen que de la realidad proyecta en base a los formatos televisivos (incluidos los publicitarios), se adelanta en bastantes años al tratamiento que estos mismos recibirán en la más conspicua narrativa posmoderna. Baste pensar en algunas de las obras de un autor como David Forster Wallace para comprobarlo.

     A este respecto, el capítulo titulado "Segismundo", dentro de Ojos, círculos, búhos, no puede resultar más elocuente. Vaya ahora el lector a la página 37 de este libro y haga el favor de leer el párrafo que comienza con...   Pero no, mejor no se distraiga tanto y confórmese con que se le sirva aquí mismo una de tantas afirmaciones de este libro que desde que fueron escritas han ido consolidando su rango de lugar común:

"La informática, las modernas técnicas de comunicación, los nuevos lenguajes, cine, TV, karate, etc. No imitan; sustituyen, son realidad" (p. 46).

     -¡Y que lo diga, oiga!

      ¿Oiga?

     La extrañeza que producen los textos reunidos en este libro se debe sobre todo a las voces que en ellos resuenan y que vienen a usurpar el lugar del narrador. Son voces impersonales, que resulta imposible individualizar. Y sin embargo, suenan extrañamente familiares; son en cierto modo reconocibles. Si se considera con algún detenimiento, se descubrirá que lo que las hace características es su condición no tanto de voces como, por así decirlo, de portavoces. No corresponden, en efecto, a ninguna personalidad en concreto, sino que obedecen más bien a los dictados de una entidad superior, en un sentido al menos jerárquico.

     -¿Una entidad social?

     -Bueno, sí, a condición de incluir también bajo este epígrafe las sociedades limitadas. Y las anónimas.

     El caso es que tales voces actúan ciertamente como portavoces de los valores, de los intereses, de las directrices que desde todo tipo de instancias supuestamente elevadas ejercen presión de forma más o menos explícita, más o menos subliminal o solapada, sobre la conciencia de cualquier ciudadano medio habitante de cualquier país más o menos desarrollado. De ahí su tono admonitorio, su talante tan semejante a veces al de los eslóganes y consignas de todo tipo.

     Con un timbre corporativo, haciendo preferiblemente empleo de la primera persona del plural, buena parte de los textos que integran Fábulas parecen estar pronunciados en convenciones, cónclaves, comisiones, asambleas de toda especie; con frecuencia se menciona un salón de actos o un teatro en el que se dejan oír aplausos, risas, ovaciones. Aquí y allá se alude a instituciones tales como un Comité Ejecutivo del Consejo de Administración Central (p. 10), una Subcomisión encargada por el Senado de la Cámara Alta de Padres de Familia (p. 11), una Cámara Oficial de Clientes y Compradores (p. 35)... Y a su vez parecen resonar por todas partes ecos de reuniones, intrigas, conjuras, conspiraciones ...

     La escritura de Fábulas emula a menudo, y a menudo genialmente, la de los comunicados de gobierno, notas de prensa, actas de congresos, proclamas y discursos de toda especie, proyectos e informes empresariales, editoriales de prensa, cartas pastorales, partes militares, atestados policiales, noticiarios televisivos, boletines radiofónicos, guías turísticas, folletos publicitarios, prospectos de instrucciones, prescripciones facultativas...

     Ya se trate de la de un alto ejecutivo o de la de un simple funcionario de aduanas, las voces que toman aquí la palabra corresponden por lo general a sujetos interpuestos entre una institución o autoridad a la que representan y el destinatario de sus interpelaciones, tan frecuentemente teñidas de amenazante condescendencia. Se obtiene por esta vía un peculiarísimo efecto coral constituido por voces que son todas ellas, valga la insistencia, portavoces de una voz que se mantiene detrás de todas y que en cierto modo las contiene y las trasciende.

     La cuestión es que esa voz que se mantiene oculta tras la pantalla de todos esos portavoces resulta ella misma familiar. Lo mismo da que suene en boca de un presentador de televisión o de un policía: uno tiene la seguridad de haberla oído antes, de nunca haber dejado de oírla. ¿Pero dónde?

     ¿Dónde?

     ¡Exacto! ¡Esa voz no es otra que la voz del Gran Hermano!

"PARLAMENTO. Nosotros debemos ser la proyección exacta de ese ser ideal del que somos proyección, de ese ser que desea que seamos como somos y que hagamos que nuestros semejantes sean como somos empezando por él mismo, que le hagamos a nuestra semejanza“(pp. 78-79).

     Mucho antes de 1984 (recuérdese que los últimos textos de Fábulas están fechados en 1978) empezó a quedar claro, al menos para quien quisiera verlo, que la utopía negativa dibujada por George Orwell iba camino de realizarse implacablemente, si bien no del modo tenebroso en que él la imaginó, sino de una forma mucho más risueña. Que los agentes del Gran Hermano no iban a ser feroces esbirros sino amables vendedores, funcionarios, relaciones públicas, aseguradores, entrevistadores, concejales, directores de sucursales bancarias... Y que los ciudadanos iban a prestarse muy gustosamente a la falsificación y expropiación de sus existencias. Tanto es así que, para diversión y contento de la mayoría, la televisión ha terminado por convertir en espectáculo una especie de parodia en miniatura, reducida a unos pocos concursantes, de la situación a la que tiende la sociedad en su conjunto.

     En la actualidad, el Gran Hermano es para una mayoría el nombre de un concurso televisivo en el que un puñado de individuos aceptan voluntariamente vivir en una especie de jaula, expuestos a la permanente mirada de los telespectadores, quienes por su parte se erigen en evaluadores de su conducta. Y el chiste está en que los concursantes compiten entre sí para permanecer el mayor tiempo posible en esa jaula.

     De forma un tanto sumaria, cabría decir de Fábulas es el revelado en positivo -mucho más cómico y aterrador, en consecuencia­ de la utopía ideada en 1948 por George Orwell. De ahí esa extraña atmósfera de ciencia-ficción que impregna todo libro.

     ¿Y por qué Fábulas? Con esta palabra suelen nombrarse breves narraciones de carácter moralizante protagonizadas comúnmente por animales. Pero por ningún lado aparecen animales en este libro, cuya moralidad, por otra parte, resulta altamente dudosa. En lugar de eso, lo que al lector se le deja ver es una jaula. O mejor dicho, los barrotes de una jaula. Y aquí es donde el lector debiera empezar a mosquearse. Pues cuando se ve una jaula y por ningún lado se encuentra el animal al que está destinada, hay razones para temerse que esa jaula vaya destinada a uno mismo.

     El propio libro ofrece, como siempre, su propia clave de lectura. Lo hace al final de un capítulo en el que presumiblemente se ofrecen "Nueve pruebas de que somos más felices". Se dice allí a modo de conclusión:

"Construya usted mismo, en su hogar, a ratos libres, cómodamente, su propia jaula" (p. 48).

¿Y por qué Fábulas? Bueno, hay muchas formas de tratar de explicarse lo que parece un capricho del autor. Casi todas ellas invocan el concurso de la ironía, que en todo momento juega aquí un papel protagonista. Pero la más legítima explicación quizás fuera la que acertara a contar este libro como una fábula él mismo.

     Esa fábula -la fábula que cuenta estas Fábulas- se encuentra en un brevísimo apunte de Kafka, escrito allá por el año 1918. Dice así:

“Una jaula salió en busca de un pájaro".

Ese pájaro es usted, querido lector.

 ¡Bienvenido!

La singularidad de este libro, su desconcertante genialidad, reside precisamente en eso: cuenta la jaula, no el pájaro.

Y lo que resulta todavía más chocante: cuenta la jaula desde el punto de vista del pájaro. La jaula, y no solamente lo que se ve a través de sus barrotes.

     Se ha hablado ya de la voz tan extraña y familiar que resuena en estos textos. Conviene ahora añadir que lo propio de todos ellos es que se formulan como pura exterioridad. Más que eso: revelan una existencia, la del propio lector, en la que la pretensión misma de interioridad, de eso que se llama "vida interior", constituye una falacia. La única vida interior, dadas las circunstancias, es la que se desarrolla en el interior de la jaula.

     Se ha recordado antes el programa televisivo graciosamente titulado Gran Hermano. Podría añadirse ahora el recuerdo de una película como El show de Truman (1998), de Peter Weir, cuyo protagonista (Jim Carrey) descubre, espantado, que toda su vida, incluso en sus aspectos más privados, forma parte, desde el comienzo, de un espectáculo televisivo.

     La vida del pájaro enjaulado no la cuenta el pájaro, la cuenta su jaula. Este es el presupuesto atroz de este libro atroz.

Atrozmente cómico. Atrozmente lúcido.

"TEORÍA. El verdadero ministro del Interior es el que entiende o debiera entender de sueños y ensoñaciones" (p. 122).

     El lector empieza a disponer de elementos suficientes para explicarse la peculiar textura de este libro. Su carácter fragmentario, discontinuo, es el que conviene, casi por fuerza, a su propósito, que como se ha dicho es el de contar la jaula. Y una jaula, está claro, no se puede contar -menos todavía desde dentro- como se cuenta un paisaje o cualquier cosa que tenga lugar fuera de ella.

     En cuanto a la vida en el interior de la jaula, se desarrolla en pequeños sal tos, episodios mínimos cuya nota predominante es una mezcla de perplejidad, desesperación y nerviosismo. Toda su épica consiste en gestos, acciones, estados de ánimo como el que se describe en el siguiente pasaje:

"PROYECCIÓN. Se autocontempla, perfecto hasta en la manera de satisfacer sus necesidades más íntimas, una de esas operaciones fisiológicas cuya realización total y plena le deja a uno renovado y de excelente humor, activo, lleno de ideas y proyectos en la misma medida en que aligerado de lastre" (p. 150).

     Entre los personajes, o más bien protopersonajes, que asoman aquí y allá, de un modo a veces recurrente, hay uno, de nombre Espinoza, que pone todo su empeño en no disgustar, en adaptarse, en mostrarse pacífico y solícito. Este Espinoza protagoniza algunas viñetas de impagable comicidad, como las que llevan por título "Documentación" (p. 60) Y "Lunch" (p. 105). Pero su mansedumbre reprime unas pulsiones de salvaje violencia, que suelen liberarse a través de todo tipo de fantasías diurnas y nocturnas.

     A la persuasiva, intimidante locuacidad de las voces que continuamente prescriben la lectura que ha de hacerse de la realidad y celebran sus excelencias, se oponen, hacia la mitad del libro, los oscuros designios de una conjura tramada por escolares que tiene por objeto "la liberación del niño, la obtención para el niño de una total independencia respecto al mundo del adulto" (p. 96).

     La subversión del orden imperante, pues, no surge ya desde presupuestos ideológicos ("Ideología es hoy la sociedad como fenómeno", escribió Adorno) sino desde los apetitos incontrolados de la infancia, condenados de antemano al fracaso y que aquí actúan de parodia de la revolución (y aquí resulta inevitable casi subrayar de nuevo el hecho de que estos textos empezaran a ser escritos en fecha tan emblemática como 1968, al socaire pues de las revueltas estudiantiles y de los ademanes a menudo infantiloides de la llamada revolución de Mayo). Los mismos apetitos, en definitiva, que siguen actuando en el adulto en calidad de fantasías sexuales, de delirios de poder, de ansias destructivas.

     "Como niños en sus regresiones o como planetas que han perdido la rotación, así sus cerebros. Y, también, como niños, su temor a posible percances, sus oscuros rencores, sus instintos vegetativos" (p. 140): así los adultos que pueblan este mundo-jaula, en el que se viene consumando un imparable proceso de infantilización colectiva, al que corresponde un incremento, asimismo imparable, de las conductas terroristas, sobre las que también este libro parece tener una visión profética, de sorprendente actualidad.

     Ahora bien: incluso el caos aparente parece producto de un designio bien calculado, como hace patente el pasaje titulado "Soliloquio" (p. 176). A continuación del cual se lee lo que sigue:

"AL APAGAR LOS FOCOS. Reducidos los últimos focos de resistencia, todo parece indicar -a la luz de la situación presente­ que los elementos residuales, abandonando la lucha de masas, la confrontación abierta, optarán por la delincuencia individual y aislada, factor degenerativo que no deja de implicar una continuada peligrosidad real en razón de sus mismo carácter incontrolado" (p. 178).

¿Y qué más incontrolado que los sueños? Ellos son la única libertad del enjaulado. En el mundo feliz que las voces de este libro proclaman, el mejor ministro del Interior sería, ciertamente, el que entendiera de sueños y ensoñaciones. Pues sueños y ensoñaciones constituyen, de hecho, el único interior de unos seres que a través de ellos dan rienda suelta a "sus oscuros rencores, sus instintos vegetativos". En acusado contraste con la tersa y formalizada retórica de los pasajes en que resuena, a través de sus múltiples portavoces, la voz del Gran Hermano (¡o de la Gran Familia!), se abre paso en el libro, de forma progresiva, una atmósfera pesadillesca, demente, infantiloide, grotesca, orgiástica. El efecto de conjunto que produce la pululante ¿humanidad? de estas Fábulas recuerda a momentos la que se plasma en los grandes retablos de un pintor como el Bosco, cuya imaginería se atiene a una sintaxis a la vez extravagante y plenamente comprensible.


Pero conviene no enfatizar los aspectos oníricos de una escritura como la de Fábulas, por mucho que dé lugar a lo que parecen ser ráfagas de escritura automática y pasajes de un salvajismo o de un lirismo superrealista. No se trata aquí, ni mucho menos, de una escritura sonámbula, sino más bien de una escritura insomne.

     Ojos, círculos, búhos: de eso se trata. De esos búhos que aparecen en algunos aguafuertes de Goya, muy en particular en el que lleva por lema El sueño de la razón produce monstruos, donde eleva el vuelo una bandada de pajarracos a medio camino entre búhos y murciélagos. Si bien no es el sueño de la razón el que produce los monstruos que pueblan estas Fábulas, en las que el único monstruo parece ser la razón misma:

"VIGILIA. ¿Qué es la razón sino el monstruo engendrado por un sueño?" (p. 178).

     Goya, mejor aún que el Bosco, es quien ofrece el más ilustrativo antecedente del espíritu que anima un libro como este. El Goya, sobre todo, de las series de los Caprichos y de los Disparates, en las que se despliega una mirada alucinada, insomne, corrosiva, tremendamente critica. En los aguafuertes que integran esas series la atmósfera onírica es inducida por un exceso de lucidez -vigilia-, y la plasmación del grotesco de la vida cotidiana es puntuada por los alfilerazos que en ocasiones les sirven de lema.

     Así también, la secuencia en apariencia caprichosa y disparatada de este libro es puntuada por destellos de escritura aforística de una extraordinaria causticidad. He aquí unos pocos, espigados al tuntún:

“Educación sexual: es muy sencillo: cordón espermático, escroto, pene, balano, vulva, ovarios, matriz. Pero, eso sí: todo acompañado de amor.“(p. 67)

“El progreso entendido como dominio paulatino del hombre sobre la naturaleza, en el curso de la historia, hasta su total destrucción.” (p. 76)

“El idealismo de un hombre de pensamiento materialista puede no ser lo opuesto al materialismo de un hombre de pensamiento idealista.” (p. 116)

“La Nueva Sociedad supone la superación objetiva de la sociedad de clases; la Nueva Sociedad no supone la superación objetiva de lo que no es la división de la sociedad en clases.” (p. 119)

Estos alfilerazos alternan con paradojas, juegos de chistes, gorgoritos, simples gruñidos lingüísticos que contrapunto a la tersa retórica de otros pasajes.

     Se ha traído antes a colación un apunte de Kafka, correspondiente a uno de sus legajos. Puede que no esté de más insinuar que la escritura de estas Fábulas ofrece un cierto parentesco con la que Kafka vuelca en sus cuadernos en octavo y otros papeles póstumos, incluidos sus diarios. Al fin y al cabo, Kafka ha sido el gran fabulador de los tiempos modernos y presintió mejor que nadie la alienación de la experiencia que se refleja en un libro como este. El ya mencionado Espinoza podría ser visto como un descendiente lejano -y degradado- de Joseph K. Otro más. Y resulta di vertido, además de concluyente en relación a las intenciones que animan estas Fábulas, proponer una lectura del pasaje titulado "Cucarachas" (p. 137) haciéndose la idea de que el anciano furibundo del que se habla allí fuera el padre de Gregor Samsa. 

                                             II

La escritura de Fábulas tiene por origen una circunstancia azarosa. En 1968, el artista catalán Xavier Corberó, viejo amigo de Luis Goytisolo, le pidió a éste un texto a fin de emplearlo para la creación de una serie de aguafuertes. Surgió de este modo "Sátiro y sátira", primero de los textos de Fábulas.

     "Sátiro y sátira" es un texto sobre el despertar. Más concretamente, sobre el despertar del sueño de la revolución, del hippismo, de la juventud extrema. Recuérdese: corría el año 1968. Debajo de los adoquines no había ninguna playa. Era como para petarse de risa.

Cuando recibió el encargo de Corberó, Luis Goytisolo llevaba cinco años embarcado en la escritura de Antagonía. El jovencísimo ganador del I Premio Biblioteca Breve (que Goytisolo obtuvo con Las afueras en 1958, cuando apenas contaba 23 años de edad), permanecía en silencio desde la publicación, en 1962, de Las mismas palabras, novela que a su propio autor había dejado de interesarle meses antes de concluirla y de publicarla. ¿La razón? El tiempo que Luis Goytisolo pasó encerrado en la cárcel de Carabanchel, hacia la primavera de 1960. Allí, "sometido a un severo régimen de aislamiento que se prolongó por espacio de cinco semanas", Luis Goytisolo concibió el plan de la magna obra en la que iba a empeñar cerca de veinte años de su vida.      La escritura de "Sátiro y sátira" tiene lugar, pues -importa subrayarlo-, en el marco de la intensa dedicación a la escritura de Antagonía, más particularmente de su primera parte, Recuento. El caso es que, a vueltas de haber cumplido con el encargo de Corberó, a Luis Goytisolo se le "enquistó", por así decirlo, el tono que había acertado a modular en las siete prosas que componían aquella peculiar suite, y pensó en darles prolongación. Para ello contó con la complicidad de otro artista catalán, viejo amigo suyo también: Joan Ponç. Él y Luis Goytisolo firmaron conjuntamente el volumen tituladoOjos, círculos, búhos, que otro viejo amigo de Luis Goytisolo, el editor Jorge Herralde, publicó en Anagrama en 1971, dentro de su recién estrenada "Serie informal".

     El caldo amistoso del que emerge un libro como Ojos, círculos, búhos explica sus características tan singulares, su atrevimiento, su originalidad, su radicalidad. La primera edición, impresa en dos tintas (negra y verde), constituye en la actualidad una auténtica rareza. De su espíritu lúdico pero en absoluto inocente -muy patente en el delicado y bien sintonizado trabajo de Ponç- ofrecía una pista la "Advertencia" que figuraba al comienzo del volumen:

ADVERTENCIA: Pese a la inexplicable ausencia de cualquier clase de numeración, la presente obra debe ser exclusivamente considerada a la luz del orden natural de los números; esto es, de principio a fin. En caso de perder el punto, repetir la operación desde el principio.

Y en efecto: el libro se presentaba sin numeración en sus páginas, y proponía una travesía profundamente desmitificadora tanto de las ilusiones que alentó la llamada Década Prodigiosa como del orden que, a medida que las heridas abiertas por la Segunda Guerra Mundial iban borrándose, emergía cada vez más crudamente: el de una sociedad de consumo cuyas tendencias totalizadoras venían a remplazar, con instrumentos mucho más sutiles y eficaces, el totalitarismo de tiempos pasados.

Su acusada rareza sirvió de excusa para que Ojos, círculos, búhos fuese considerado en su momento como una extravagancia o como un simple divertimento, destinado únicamente a bibliófilos y bromistas. El libro fue recibido con un silencio prácticamente unánime que debe atribuirse sobre todo a la perplejidad y a la incomprensión, de los que es buena muestra el informe interno de la censura, que dictaminó de este modo acerca de la obra:

Se recogen en este libro una serie de aforismos, pasajes, historias imaginarias y comentarios en los que, de forma más o menos velada se critican diversos aspectos de la sociedad actual. Aunque sin relación entre sí, aparecen agrupados por motivos desde el amoroso al social.

     El lenguaje empleado es oscuro y en ocasiones poco comprensible pero a veces presenta situaciones o soluciones inmorales, peca de irreverencia o puede resultar en cierto modo tendencioso. Sin embargo en ningún caso encierra a nuestro juicio gravedad suficiente como para pensar en una actitud denegatoria por lo que estimamos que puede aceptarse el depósito.

Madrid, 22 de enero de 1971

(Ministerio de Información y Turismo. Dirección General de Cultura Popular y Espectáculos. Sección de Ordenación Editorial. Expediente nO 677-71.)

No consta que saliera publicado ningún comentario ni mucho menos ninguna crítica sobre el libro. Las únicas palabras que lo acogieron fueron las que le destinó Mario Vargas Llosa con motivo de su presentación. Eran palabras perspicaces, que subrayaban la "flagrante provocación" del libro. Y escritas en 1971 por Mario Vargas Llosa, uno de los representantes más emblemáticos del boom de la literatura hispanoamericana que estaba conmoviendo por aquel entonces el "sistema" literario español, vienen a reforzar una tesis que la inercia de la más conspicua historiografía suele desatender una y otra vez: la de que, mucho antes del estallido de aquel boom, los más inquietos y talentosos narradores españoles habían emprendido ya caminos de búsqueda y de renovación que dejaban muy atrás sus primeros pasos y, acudiendo a influencias de toda especie y procedencia, rompían a menudo bruscamente con los paradigmas hegemónicos. Nunca se insistirá lo bastante en el signo ambivalente que tuvo la incidencia del boom en la narrativa española; y es que, si bien es cierto que amplió horizontes y estimuló el desarrollo de nuevas tendencias, no lo es menos que eclipsó y distorsionó un proceso de crecimiento y de experimentación que quedó en buena medida desatendido. A este respecto, un libro como Ojos, círculos, búhos, como más adelante el conjunto entero de Fábulas, constituye un documento elocuente. Se ha empezado por decir que conserva intacta toda su dinamita; entre las razones de que aquí sea no es la menor algo que retrospectivamente no puede dejar de producir sorpresa: el hecho de que unos textos como así, escritos en su mayor parte antes de la muerte de Franco, den cuenta de un estado de cosas que se corresponde mucho más a la situación presente que a las circunstancias concretas de la dictadura que por entonces empezaba a agonizar.

     En su momento, algunos lectores de Ojos, círculos, búhos reconocieron un trasunto de Franco en el líder político que protagoniza el capítulo titulado "Segismundo". Luis Goytisolo, sin embargo, más bien pensaba cuando lo escribió en Fidel Castro, de uno de cuyos interminables y calculadamente orquestados discursos había sido testigo en un reciente viaje a Cuba, en 1968. En la actualidad, con todo, no costaría nada reconocer en el tal Segismundo un trasunto de Silvio Berlusconi o, por no irse tan lejos, de José María Aznar.

     Como fuere, importa recordar en este contexto lo dicho en su día por Vargas Llosa a propósito de Ojos, círculos, búhos:

“Mientras otros escritores de su generación discuten si deben renovarse o morir, Luis Goytisolo, después de un largo silencio de ocho años, publica un libro que va a dejar a muchos pestañeando incrédulos. ¿El autor de Ojos, círculos, búhos es el mismo que escribió las secas historias de Las afueras, el de la grave prosa, materialista y glacial, de Las mismas palabras? Aforismos, erotismos, picardías, burlas, juegos, úklases: un regocijado ir y venir por todas partes -de la moral familiar a la política, de la sociedad de consumo a las retóricas de izquierda, de centro y de derecha, de la astrología al amor y la televisión-, disparando flechas tan perversas como divertidas y que infaliblemente dan en el blanco [ ... ] Lo sorprendente, y también lo más feliz, es el humor que circula por estas prosas insolentes, reuniéndolas en una auténtica Miscelánea de Varia Invención moderna. O más precisamente: el tipo de humor [ ... ] El autor se di vierte y nos di vierte, y sin embargo, al final de la carcajada, en los pequeños pliegues de la sonrisa, descubrimos de pronto un desagradable sabor, algo viscoso e inesperado, sin duda: ¿quién se está riendo de quién, de qué nos estamos riendo, hay motivos para reírse? “

Cuando Vargas Llosa escribió estas palabras ni él ni nadie tenía idea de la envergadura del proyecto narrativo en el que se hallaba embarcado Luis Goytisolo (de ahí el "largo silencio de ocho años"). Le faltaba a Vargas Llosa, pues, como al lector de aquella hora, un elemento de contraste que en retrospectiva contribuye a encuadrar adecuadamente el sentido tanto de Ojos, círculos, búhos como de su continuación. Porque el caso es que, satisfechos con la experiencia realizada, Goytisolo y Ponç; no tardaron en urdir un nuevo libro, animado de un mismo espíritu.

     Devoraciones se publica en 1976, en la misma "Serie Informal" de Anagrama, con características muy semejantes, si bien tanto la naturaleza como el ritmo de los textos varía sustancialmente, y lo mismo cabe decir de las feroces ilustraciones de Ponç, que a su muy peculiar modo evocan aquí la turbadora fantasía del Bosco.

     Esta edición de 1976 -de nuevo una rareza bibliográfica, llamada a despistar, en razón de su propia extravagancia, acerca de sus intenciones- va precedida de los extractos de una presunta reseña sobre el libro aparecida en The Night Herald de Boston. EL texto de estos extractos merecen ser rescatados en su integridad (véase, al final de este volumen, la "Nota bibliográfica"), no sólo por su talante jocoso (que ironiza sobre la nula recepción crítica de Ojos, círculos, búhos, pronosticando para Devoraciones una suerte parecida) sino también por la elocuente expresión que en ellos se da a las intenciones del libro. Pero baste ahora con detenerse en este fragmento:

“¿Una ruptura de fronteras entre realidad e irrealidad, entre racional e irracional, entre significación y sinsentido? Para nosotros, Devoracíones, por debajo de todo ese despliegue de violencia en sus más diversas manifestaciones que parece dominar la secuencia narrativa, es ante todo un mecanismo mental en rotación, con sus caras de luz y sus caras de sombra. Acaso la conciencia -y su reverso- del propio Espinoza, ese impreciso protagonista cuyos temores, angustias y deseos frustrados sintetizan las encontradas tensiones que atenazan al hombre de nuestro tiempo, ese hombre que deambula entre los escombros de aquel espíritu de liberación que al término de la Segunda Guerra Mundial pareció sacudir al planeta, un despejado horizonte en el que pronto habrían de sonar, desde distintos ángulos, los disparos que caracterizan toda nueva frontera. Esta impresión, que no hace sino reforzarse a medida que nos adentramos en la obra, va íntimamente unida a la sospecha -la de que los autores, por su parte, "quieren tomarnos el pelo"- que nos asalta, asimismo, desde las primeras páginas.”

Devoraciones apareció tres años después de la publicación en México (por motivos de censura, pues la primera edición de Seix Barral fue secuestrada) de Recuento (1973). Apareció al mismo tiempo casi que la primera edición española "autorizada" de este título (en el mismo año 1976), que a su vez casi coincidió con la de Los verdes de mayo hasta el mar (también en 1976). No cabía esperar que, en competencia con las dos primeras entregas de Antagonía, se prestara mucha atención a aquel extraño artefacto. Y sin embargo, se disponía ahora, a diferencia de lo que había ocurrido con Ojos, círculos, búhos, de un trasfondo sobre el cual comprender mejor los alcances de lo que a primera vista seguía dando la impresión de constituir un simple divertimento (cuando no, corno los mismos autores insinuaban, una tornadura de pelo) .

     A la hora de considerar los distintos textos que componen Fábulas, correspondientes todos ellos al periodo en que se escribió Antagonía, no hay que descartar el papel que sin duda desempeñaron corno válvula de escape de la presión extraordinaria que suponía la dedicación, durante tan largos años a un proyecto tan ambicioso, en relación al cual la libertad y la espontaneidad de estas prosas suponía un antídoto más que saludable.

      Pero, más allá de esta función descompresora, la escritura de Fábulas parece actuar asimismo de eficaz contrapunto a la de Antagonía, por cuanto dibuja el panorama de una "vida dañada" (con estas palabras subtituló Adorno su Minima Moralia: "Reflexiones desde la vida dañada") en relación a la cual Antagonía postula una suerte de "salvación".

     Conviene tener muy en cuenta cómo, a través de un delicado "arte del tiempo y de la estructura" (Pere Gimferrer), Antagonía se propone como una gigantesca metáfora de la creación en la que se abre paso toda una "teoría del conocimiento" destinada a poner de manifiesto el poder que tanto el proceso de la escritura como el de la lectura tienen de objetivar la propia experiencia y, de este modo, contribuir a apropiársela. Desde este punto de vista, Antagonía viene a señalar una puerta por la que salir de la jaula que, como se ha dicho ya, cuentan los textos de Fábulas. De hecho, la escritura de Antagonía progresa en escapatoria respecto al orden de experiencia que, con salvaje humorismo, retratan los textos de Fábulas.

     El camino que conduce a Raúl Ferrer Gaminde, protagonista de Antagonía, a convertirse en escritor, pasa por una progresiva expropiación de su conciencia obrada a través de un cúmulo de "voces" que compiten por colonizarla. Esas voces ofrecen una afinidad profunda con las que se ha dicho que resuenan en Fábulas, por cuanto llegan a actuar, muy en particular dentro de Recuento, como portavoces tanto de determinadas ideologías como de determinados grupos sociales. No es casual, por lo tanto, que en uno y otro libro luzcan con particular relieve las poderosas dotes de Luis Goytisolo para lo que se ha dado en llamar parodia impasible. Fue Pere Gimferrer quien bautizó así uno de los rasgos más característicos de la escritura de Recuento. Por parodia impasible entendía Gimferrer "la parodia basada no en la deformación o en la caricaturización de los datos del caso, sino en su transcripción fidelísima y escueta, pero descontextualizada, de modo que, al aislarla de su contexto habitual y confrontarla con otros, se convierta en un ejemplo de discurso irracional bajo su apariencia o, mejor dicho, pretensión de máxima racionalidad". No cabe duda de que una técnica semejante sustenta -de muy otro modo que en Recuento, valga subrayarlo- la "lógica" narrativa a la que los textos de Fábulas deben buena parte de su comicidad y de su eficacia. Al fin y al cabo, los textos de Ojos, círculos, búhos están escritos al mismo tiempo que Recuento. Como, a su vez, los de Devoraciones lo están en la estela de las notas de escritura que componen Los verdes de mayo hasta el mar, de las que se dice en el propio libro que son "notas, apuntes y observaciones, fragmentos de narración, simples frases a veces, variantes de esas frases a modo de búsqueda, de tanteo" .. (cap. IV).

     Una misma escritura fragmentaria actúa en uno y otro caso en dos direcciones inversas, desde dos focos opuestos: el de la interioridad, en el caso de Los verdes... ("un ejercicio de raíces no menos oscuras que las del lenguaje que uno aprende en sus primeros años, con las mismas resonancias que hay que ir descubriendo, los mismos equívocos y malentendidos, las mismas motivaciones en apariencia casuales"), y el de la pura exterioridad en el de Devoraciones.

     De hecho, los textos de Fábulas, en su conjunto, actúan, en la trayectoria entera de Luis Goytisolo, como una especie de permanente contrapolo de la propuesta narrativa que irradia de Antagonía. En un espíritu muy afín al que inspira los extractos de la fingida reseña que se antepone a la primera edición de Devoraciones están escritos los textos reunidos en Investigaciones y conjeturas de Claudia Mendoza (1985), varios de ellos contemporáneos los de Fábulas. Pero la influencia latente -y permanente- de este libro se hace visible, sobre todo, con la publicación de Diario de 360° (2000), donde Goytisolo acierta a integrar en una estructura común los presupuestos que rigen la escritura tanto de Antagonía como de Fábulas, imprimiendo de este modo un nuevo rumbo a su aventura literaria.

     En Diario de 360°, las entradas correspondientes a los sábados tienen una tonalidad muy semejante a las de Fábulas. Son viñetas de una violencia brutal, en las que, a propósito comúnmente de equívocos o malentendidos, emergen la tontería y la agresividad que suelen quedar disimuladas en una sociedad donde, se dice, la vida parece una "mezcla de parque temático, supermercado y aeropuerto en el que se despide a la gente que se va"; una sociedad que "para mantener la propia vigencia necesita neutralizar toda trascendencia que empañe el valor intrínseco de cuanto nos rodea". Ligado a este último, hay otro aspecto de Fábulas que conviene todavía subrayar. Se trata del tipo de secuencia que forman tres bloques de textos fechados en un arco de diez años, de 1968 a 1978, y publicados dos de ellos como libros independientes. Fábulas comienza a existir como libro a partir de 1981, el mismo año en que ve la que ve la luz Teoría del conocimiento, la última entrega de Antagonía. A los textos ya conocidos de Ojos, círculos, búhos y de Devoraciones, Luis Goytisolo añade para la ocasión un nuevo bloque de textos titulado Una sonrisa a través de una lágrima.

Aunque dedicados a Joan Ponç, los textos de Una sonrisa a través de una lágrima son los únicos de Fábulas que se escribieron sin el propósito original de ser ilustrados por este artista. Ni por Ponç ni por ningún otro. Lo cual es indicador de la autonomía que entretanto había cobrado un tipo de escritura cuyo latido primero fue, como ya se ha señalado, un texto destinado a una serie de grabados. A la altura de 1978, el pretexto de las ilustraciones se ha vuelto innecesario. Algo de eso se barruntaban Goytisolo y Ponç cuando, en los extractos de la supuesta reseña con que se abría la primera edición de Devoraciones, recogían la especulación de un crítico de arte que se preguntaba si la próxima obra surgida de su mutuo entendimiento "no consistirá de hecho en dos libros: en uno el texto y en el otro los dibujos". Prolongando la broma, en un breve texto de 1977 -escrito probablemente para atender la solicitud de alguna revista- apuntaba Luis Goytisolo:

Una sonrisa a través de una lágrima es la próxima obra que Ponç y yo hicimos en colaboración.

Ponç no conoce todavía mi texto, pero sé por Bonafonte que lo ha captado en todos sus niveles significativos: lo que significa y lo que no significa, quiero decir.

Yo todavía no escribí el texto, sólo unas notas, pero sé que sus dibujos encajan a la perfección.

Cuando Ponç haga sus dibujos pudimos comprobarlo. Y nos dijimos que por eso le va bien, asimismo, al mundo en general. Bueno, o al revés, que al mundo en general le va bien por eso.

y cuando se pueda apreciar el resultado, alguien comentará: es un proyecto de fábula.

La idea nos vino de ver a Torquemada contemplando la hoguera mientras canturreaba por dentro "the smoke gets into your eyes".

Este texto anuncia muy tempranamente no sólo el título del último de los tres "libros" reunidos en Fábulas, sino también el título mismo de Fábulas. Parece claro que al concluir Devoraciones Luis Goytisolo ya albergaba el propósito de prolongar su escritura, y que, haciéndose cargo de la continuidad del impulso a que obedecían los tres libros -Ojos, círculos, búhos, Devoraciones y Una sonrisa a través de una lágrima-, pensaba ya en reunirlos bajo el irónico epígrafe de Fábulas.

     Quizá no esté de más recordar aquí que el mismo año de 1981 en que aparece la primera edición de Fábulas publicó Benet sus Trece fábulas y media (las dos primeras de 1972), una coincidencia que abre el camino a una peregrina especulación acerca de las actitudes con que algunos de los más importantes narradores de la llamada "generación de medio siglo" (entre los que cabe incluir también al Juan García Hortelano de los Apólogos y milesios o al Miguel Espinosa de Escuela de mandarines) exploraron por los años setenta el problema de los géneros narrativos, de la tan cacareada "narratividad" (que iba a convertirse en palabra-talismán de los nuevos novelistas) y de su "moralidad" tan problemática.

     Pero mejor no meterse ahora en camisa de once varas y limitarse a subrayar esa unidad de fondo que cohesiona los tres libros de Fábulas, hasta el punto de permitir hablar del conjunto corno un libro unitario, en el que, dentro de la fragmentación y la disparidad que caracteriza al conjunto, se percibe con claridad la recurrencia tanto de determinados motivos corno de algunos personajes, así corno la continuidad de una misma corriente de escritura cuyo potencial subversivo permanece, valga la insistencia, perfectamente intacto.

     Sobre esto último conviene traer aquí, ya para concluir, un texto escrito por Luis Goytisolo en 1984, el mismo año de la muerte de Joan Ponç, y cuando ya quedaba atrás, en el consternado silencio que inevitablemente hubo de rodearla, la publicación de Fábulas. Puede que no haya mejor modo de advertir al lector de la experiencia que le aguarda:

                                         AVANCE INFORMATIVO

La próxima obra que Ponç y yo no haremos en colaboración tuvo una gran acogida. No podía faltar, desde luego, el comentario malicioso y malintencionado de que el libro en cuestión era algo así como esa capa que uno lleva en la creencia de que le hace invisible, cuando lo que realmente hace es convertirle en el único que no se da cuenta de que está paseando desnudo entre gente que finge no verle. La opinión más generalizada, no obstante, es la de que el lector-espectador, al verse ante ese libro que no puede ver, se ve a sí mismo como en un espejo. Sólo que al revés: el que está dentro es él; la realidad exterior no hace más que reproducir su imagen.

o dicho de otra forma: eráse una vez una jaula. La continuación, a la vuelta de la página.

                                                                               Marzo de 2004

Noticia bibliográfica

 

l. El primer latido de estas Fábulas es consecuencia del encargo que Xavier Corberó hizo a Luis Goytisolo de unos textos a partir de los cuales realizar una serie de grabados. Sátiro y sátira fue el resultado de ese encargo. Los textos y los grabados fueron publicados en el invierno de 1961 en una lujosa edición sobre papel Arches impresa en el taller de Miquel ViL3., en Esplugues (Barcelona). El volumen, encuadernado y estuchado (pero no cosido ni encolado), se abre con una portada en la que se lee: SÁTIRO Y SÁTIRA I Texto de LUIS GOYTISOLO I Siete aguafuertes de XAVIER CORBERÓ. De la edición se realizó un tiraje de 33 ejemplares (numerados del 1 al 33), más 10 ejemplares preferentes con pruebas de estado y bocetos (numerados del 1 a al X), más 5 ejemplares de colaborador (numerados a, e, i, o, u).

2. La primera edición de Ojos, círculos, búhos fue publicada por Anagrama ("Serie informal") en Barcelona, 1971, con dibujos de Joan Ponç (presentado como co-autor del libro). De esta primera edición, en tintas de color negro y verde, se imprimieron sobre papel Marca Mayor de Guarro 59 ejemplares numerados, conteniendo cada uno un dibujo original y un texto manuscrito. La edición lleva como epígrafe la siguiente -y muy significativa- cita de Don Juan Tenorio:

DON JUAN.-¿Con que por mí doblan?

ESTATUA.-Sí.

                                          José Zorrilla

En el reverso de la misma página, se hace la siguiente advertencia:

Pese a la inexplicable ausencia de cualquier clase de numeración, la presente obra debe ser exclusivamente considerada a la luz del orden natural de los números; esto es, de principio a fin. En caso de perder el punto, repetir la operación desde el principio.

Tiene interés -y gracia, también- señalar que al final del capítulo elocuentemente titulado "Nueve pruebas de que somos más felices" se
daba la siguiente "bibliografia", evidentemente apócrifa, y suprimida en las posteriores ediciones:

De humanorum natura o El Gran Simplón. Lucius Anglicus. Lugdunis, 1527. Fauna Española. Por el capitán Villegas de Quesada. Cádiz, 1823.

La casa Moltó o el caso Moltó: cosas de palacio. J. Covarrubias. Madrid, 1873.

Era catala Napoleó Bonaparte? F. Castellví. Barcelona, 1906.

El teatro clásico español: autos sacramentales y de fe. R. Mulleras

Casquillo. Madrid, 1912.

L'art comme présence de l'absence. Lujes Marie Lefargue. París, 1956. Zen and Entropy. Scott H. Rossental. New York, 1967.

Théologie Structurale. Albert Doriot, S.l. París, 1968.

La lógica simbólica catalana. Pau Escofet i Trias. Barcelona, 1973.

3. La primera edición de Devoraciones fue publicada por Anagrama ("Serie informal") en Barcelona, 1976, con dibujos de Joan Ponç (presentado como co-autor del libro). De esta primera edición, en tinta de color sepia, se imprimieron cien ejemplares numerados del 1 al 100. Las páginas del libro se presentaban de nuevo sin ningún tipo de numeración, y a los textos se anteponia la siguiente nota: 

                                   ANAGRAMA PRESENTA

- En lo que a su acogida crítica se refiere, todo parece indicar que el caso de Devoraciones será, lo es ya, muy diferente al de O. C. B. (2). Así, antes incluso de su publicación, el libro era calificado por Steban Scapa de obra marginal, dando al término un sentido por lo visto peyorativo. Más duramente todavía, Stephen Getaway concluyó su juicio con las siguientes palabras: "De ahí su condenación", sin especificar no obstante el carácter de tal condenación, si temporal o eterna. Desde otra perspectiva crítica, J.V. Foix, tras señalar que ni el texto de Goytisolo comenta los dibujos de Ponç, ni éstos son ilustración de aquél, destaca el mutuo entendimiento del que dan prueba ambos autores en la aventura por ellos emprendida, cada uno con su propio pasaporte y su propio destino, expresándose en distintas formas dialectales de un mismo lenguaje.

- El resultado de un eslabón y un pedernal entrechocados, dirá por su parte para definir la obra un conocido crítico de arte. Profundizando en esta dirección, sólo que desde el campo literario, otro conocido crítico termina, sin embrago, preguntándose si la próxima obra fruto de tal entendimiento ­titulada Una sonrisa a través de una lágrima- no consistirá de hecho en dos libros: en uno el texto y en el otro los dibujos. Para algunos Devoraciones, junto a unas pocas obras aparecidas aquí y allá en los últimos años, constituyen no ya un nuevo género sino una nueva concepción de la literatura y el arte. Para otros se trata de la simple actualización de un experimento sobre el que ya se dijo todo en los años veinte... Las fantasías de dos desequilibrados que se potencian, leeremos en la sección de Cartas al Director. Y una lectora: "Sublime"; cualquier otra palabra sobra... ¿Pero qué es en realidad Devoraciones? ¿Una ruptura de fronteras entre realidad e irrealidad, entre racional e irracional, entre significación y sinsentido? Para nosotros, Devoraciones, por debajo de todo ese despliegue de violencia en sus más diversas manifestaciones que parece dominar la secuencia narrativa, es ante todo un mecanismo mental en rotación, con sus caras de luz y sus caras de sombra. Acaso la conciencia -y su reverso- del propio Espinoza, ese impreciso protagonista cuyos temores, angustias y deseos frustrados sintetizan las encontradas tensiones que atenazan al hombre de nuestro tiempo, ese hombre que deambula entre los escombros de aquel espíritu de liberación que al término de la Segunda Guerra Mundial pareció sacudir al planeta, un despejado horizonte en el que pronto habrían de sonar, desde distintos ángulos, los disparos que caracterizan toda nueva frontera. Esta impresión, que no hace sino reforzarse a medida que nos adentramos en la obra, va íntimamente unida a la sospecha -la de que los autores, por su parte, "quieren tomarnos el pelo" (3)- que nos asalta, asimismo, desde las primeras páginas.

(l) Extracto de la reseña aparecida en The Night Herald de Boston. (N. del E.)

(2) Ojos, círculos, búhos. (N. del T.)

(3) Otra vez: "nos tomarán el pelo" (the authors ... will pull our legs). (N. del T.)

(4) La primera edición de Fábulas fue publicada por Bruguera ("Narradores de Hoy") en Barcelona, 1981. Bajo este titulo se recogían íntegros los textos de Ojos, círculos, búhos y Devoraciones, a los que se añadía los de Una sonrisa a través de una lágrima. Los textos se ofrecían sin ilustraciones de ningún tipo.

     La segunda edición de Fábulas, que corregía las numerosas erratas de la primera, pero cuyo contenido se corresponde exactamente con aquélla, fue publicada por Alfaguara, Madrid, 1998.

     La que el lector tiene en sus manos es la tercera edición del libro, nuevamente corregida por el autor.

Prólogo a la edición de Fábulas de Alfaguara, Madrid, 200






  Top