Parece estarse perdiendo ese inveterado respeto de los españoles a relatar su peripecia vital. Cada día hay más textos memorialistas y hasta el estudio de la biografía como género conoce un auge. Proclives a la confesionalidad han sido algunos escritores del medio siglo -Gil de Biedma, Barral, Juan Goytisolo- y en esa misma dirección se inicia Estatua con palomas, de' Luis Goytisolo.
Durante un buen número de páginas, L. Goytisolo refiere sus recuerdos de infancia, adolescencia y primera madurez, en los que familia y medio ocupan buen espacio. Si el libro sólo fuera eso, ya tendría un incuestionable interés: por una parte, por el análisis de la decadencia de una cierta burguesía catalana y de las transformaciones colectivas que aletean tras el círculo de lo familiar; por otra, por el atractivo que esas páginas poseen como contrapunto de las conocidas memorias de su hermano Juan.
Las discrepancias entre ambos -y a la vez con el tercer escritor de la familia, el poeta José Agustín- son previas y públicas y ahora las refrenda Luis. Más allá de polémicos asuntos menudos (así las inclinaciones del abuelo, a las que Juan concede tanta importancia en su homosexualidad), lo que se evidencia es la posibilidad de enfocar un mismo hecho desde perspectivas muy distintas. Sale, además, de esta parte de la relación una imagen muy humana de Luis y, a la vez, se refuerza algo que he sostenido en alguna ocasión: Juan ha terminado por convertir su autobiografía en la creación de un nuevo personaje, con toda la base real que se quiera, pero distinto del ser histórico que ha escrito Señas de identidad.
Dentro del contenido biográfico presenciamos a la vez el nacimiento a dos pasiones vitales, la erótica y la de la escritura. Ambas tan unidas (Luis y Juan coinciden en ello por completo, curiosamente) que ésta surge de un impulso semejante a aquella. No termina aquí el provecho de la obra, que crece en densidad y pluralidad de perspectivas a medida que avanza la lectura (también gana en expresividad de estilo, afeado a veces por reiteraciones, por excesivos adverbios acabados en «mente» y por un irregular «andaste»).
Casi a su mitad, nos sorprende un texto que luego se alterna sin regularidad con la exposición autobiográfica: un relato de intrigas cortesanas y suspicacias políticas en tiempos del imperio romano, en las que se ven implicadas diversas gentes entre las que sobresale el historiador Tácito. Puede seguirse este texto ficticio al margen del otro, y en el mismo se halla un sentido de la vida y de la escritura, aparte de una amena fabulación histórica. Su pleno valor está, sin embargo, en la profunda implicación que se establece entre ambos a la manera de un coloquio textual; o, a lo mejor, como variaciones musicales que dos instrumentos diferentes realizan sobre un mismo motivo.
En estos apartados cobra el libro una nueva dimensión: en ellos se expone una teoría de la novela y se habla de técnicas narrativas, tanto en general como con particular aplicación al autor y a la obra que leemos. Hay observaciones perspicaces mediante las que se formula la estética de Luis Goytisolo, en la que otorga relevante papel al sentido y finalidad del arte. Estamos, pues, ante texto metaliterario en el que desde literatura se habla del proceso creativo y de su caracterización. Pero no surge tan sólo de un gusto muy culturalista –riesgo que amenazaba a recientes títulos del autor- porque detrás esconde una íntima identificación de vida y literatura.
La literatura, se afirma varias veces, sirve para conocer la vida, para alumbrar un testimonio reflexivo de una época histórica y de sus vicisitudes. Ello se consigue mediante una objetivación del propio escritor y de su perspectiva sobre el mundo. El escritor es una realidad de ese mundo, y por ello está en primer lugar del punto de mira del autor. Con ello la autobiografía cobra otra dimensión: no es ya una simple memoria justificativa, sino carne viva de la sustancia narrativa que trata de alcanzar un sentido a la existencia.
Estatua con palomas tiene el aspecto de un poliedro de múltiples facies, distintas pero integradas en una sola figura y puede leerse de varios modos: como relato memorialista, con jugosas noticias sobre el propio escritor, sobre una saga de escritores y sobre un español de la posguerra; como una exploración de la narración desde la teoría y la práctica de la narración; también, en fin, como una crónica lúcida de las contradicciones y cambios de nuestro tiempo (a veces muy penetrante: ampollas puede levantar lo que se refiere. a la idiosincrasia de la burguesía catalana). A la vez constituye una obra innovadora del género mediante una fórmula valiente que mezcla biografía e invención. ¿Qué es formalmente el libro? ¿Novela, memoria, ensayo, collage?
A propósito he evitado hasta ahora la palabra novela para no prejuzgar el sentido del texto. Lo es sin duda, pero ella misma se convierte en ejemplo de algo que también se postula en la narración: asistimos a un revolucionario fin de los géneros en el que ya no hay frontera que los delimite. Estatua con palomas tiene el significado de una creación muy propia de estos tiempos modernos. Por lo dicho y por otra importantísima razón que es insoslayable agregar. Hoy día -desde bastante antes de los sucesos del Este europeo- ya no queda otra conciencia crítica en el mundo que la del propio artista, de modo que éste tiene que robar el protagonismo a la novela y convertirse en personaje de la ficción. No por motivos narcisistas ni por puro culturalismo -aunque de todo existe en la viña del Señor-, sino porque es el único capaz de filtrar el sentido de la realidad. Este libro sin género de Luis Goytisolo es una prueba inexcusable.