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     La dilatada trayectoria de Luis Goytisolo como narrador pre­senta una apariencia de variedad, pero obedece a un diseño extraor­dinariamente unitario concebido desde el principio, con una nitidez infrecuente, como un proyecto de experimentación formal. ¿Qué era su primer libro, Las afueras, una no­vela o un conjunto de relatos? Ya entonces, en 1958, mostraba su ra­dical preocupación por los aspec­tos estructurales del arte de narrar.

     Por supuesto que, desde tal pun­to de partida, Goytisolo ha ido a más en esa dirección. Esta postura ins­pira Diario de 360°, novela comple­ja y de pensamiento, pero en sí misma de no difícil lectura, aunque limitada ésta a un círculo reducido de destinatarios, a esa inmensa mi­noría juanramoniana interesada por la literatura de calidad y capacitada para entrar en ella. Digo esto sin nin­gún tipo de clasismo intelectual, nada más como simple constatación de algo que la misma novela abor­da con insistencia: leer requiere de­terminadas condiciones, hoy obs­taculizadas por los nuevos tiempos de hegemonía audiovisual.

     Diario de 360° es, como subraya su título, un relato construido con anotaciones de marzo a marzo du­rante un año bisiesto no datado en fecha exacta. Los apuntes son dis­continuos pero respetan el orden del calendario salvo un retroceso del 5 de mayo que debe de tratarse de un error. La forma de diario (explica el propio texto) tiene la ventaja de reproducir unos ritmos temporales que conducen el desarrollo de la no­vela, la cual se construye como un mosaico (sistema a favor del cual se hace también un alegato). Esa con­cepción básica de la novela como expresión de una temporalidad es­pecial se pone al servicio de un con­tenido muy fragmentado, sujeto al implacable control del autor.

     Un mismo día de la semana tie­ne una materia diferenciada de los restantes. La cubierta del libro da una oportuna información al res­pecto y a ella remito ante la imposi­bilidad de entrar aquí en detalles. Sí destacaré unos pocos datos. Exis­te una leve trama anecdótica: la encama una pareja "de huidos" y con­siste en una auténtica novela con­vencional que podría independizar­se bajo el rótulo "Cordillera imperceptible". Un bloque de con­tenido presenta noticias personales del propio Goytisolo que insisten en la práctica suya anterior de usar la experiencia biográfica como base de la ficción. En conjunto, las dis­tintas líneas narrativas se cargan de un amplio núcleo de cuestiones re­feridas a ámbitos muy distintos: so­ciales, existenciales, culturales... Esos asuntos, que abarcan de la ecología al sexo "licuante", a veces están encadenados a anécdotas imaginativas, pero también surgen sin disimulo con un directo enfoque especulativo. Así, la novela es fic­ción y ensayo, creación y vida, emo­ción artística (verbal) y pensamien­to. No se trata, sin embargo, de una de esas obras al gusto centroeuro­peo de fatigosa densidad porque Goytisolo se apoya con frecuencia en un humorismo de situaciones o en la ironía y el sarcasmo.

     Estas notas dan -así lo creo- no­ticia suficiente de las distintas vetas de Diario de 360° y de su enfoque experimental y culturalista. La par­te del león de la novela se centra en cuestiones de teoría e historia lite­rarias, y muy en especial en un de­bate pugnaz acerca del propio gé­nero novelesco. No se trata de simples añadidos -aunque también sean incrustaciones especulativas dirigidas a una minoría dentro de la minoría- sino de una formación teórica a cuyo modelo responde la propia novela. La meta última radi­ca en definir el tipo de novela pro­pio de la modernidad y avisar del peligro de su extinción a la vista de las circunstancias que abocan al gé­nero al silencio. Los cambios so­ciales últimos, el desprecio por la lectura, la banalización de las letras, la sociedad de consumo que pro­picia el best seller, todo ello va a arruinar la novela. Aunque no de hoy para mañana, el desenlace de es­te proceso está cantado. Así lo cree Goytisolo.

     Mientras eso se da o no se da -y uno teme que le asisten al au­tor buenas razones, aunque exagere y se ponga un po­co demasiado exquisito e intransigente, para mi gusto-, en el libro abundan las opinio­nes que invitan a pensar y al­gunos exabruptos artísticos. Por poner un botón de mues­tra, aunque hay otros no menos ex­tremosos: ¿sólo fue Valle Inclán "es­critor de gran talento a la vez que mal novelista y mediocre dramatur­go"? Pero dejemos este mordiente provocador para anotar ideas dig­nas de reflexión. Así, las relaciones de la novela con la poesía, el cine y el periodismo, tres constantes del libro resueltas con un veredicto fa­vorable a la novela. Simplifico has­ta la caricatura las posturas de Goy­tisolo. La novela le ha robado a la poesía parte de sus señas de iden­tidad y la ha dejado huérfana mien­tras ella ha crecido en el siglo XX. La novela debe huir de la contami­nación del cine, al cual, en cambio, le suele beneficiar el inspirarse en la narrativa. En fin, quien ejerce el pe­riodismo, difícilmente llegará a gran novelista.

     Todos estos principios tienen una base teórica firme, aunque discuti­ble. Respecto de la novela, entien­de Goytisolo que ha prescrito el gus­to por la aventura, que éste es un valor secundario y que sólo impor­ta la construcción de un organismo autónomo de base verbal. Y, en cuanto a la creación literaria, sos­tiene sin rodeos que no responde a un propósito de comunicar algo. Es­tos criterios son inexcusables -se compartan o no- para acercarse a Diario de 360° desde la óptica que ella misma exige. 

ABC, 18 de octubre de 2000

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