QUE las tramas que no sean lineales, a ser posible previsibles, y que un estilo que no conlleve recreaciones de un solo plano, aboca a una desconfianza semejante a la del Cura Y el Barbero respecto a las fantasías del hidalgüelo errante, es algo sabido en una literatura que siempre tuvo vocación realista y a la que, encima, se le unen ahora intereses de mercado finamente planificado. De ahí que una obra como la de Goytisolo aúne la sorpresa por la rareza con el pasmo por la supervivencia, incluso por el prestigio que a lo largo de los años ha conseguido casi de manera secreta, por lo menos discreta. Por otro lado, el autor es uno de los pocos escritores nuestros capaces de generar un ciclo narrativo de gran porte, Antagonía, con una obra más fragmentaria, hecha casi de susurros y, sin embargo, semejante en importancia. A esta categoría pertenece Liberación, una novela que parece en principio un conjunto de relatos que están unidos por un entramado de coherente significación y que sólo al final del volumen se revelará en su pertinencia.
De ahí que resaltemos, por supuesto, su estructura, nueve partes que contienen cada una de ellas breves relatos, realizados al modo de destellos o flashes, y que van realizando, a la manera de los brochazos en principio inconexos de un pintor, el lienzo donde finalmente el conjunto cobra significado. Hay un espacio determinado, La Noguera, La Mola; hay, asimismo, una intencionalidad algo difusa en un escritor, antiguo arquitecto, cuya obsesión por la figura de Marco Aurelio le lleva a figurarse una obra de ficción escrita por el emperador, justo la que abarca la parte quinta de la narración; y, lo más atrayente del libro, multitud de personajes que están unidos en sus destinos como si se enredaran en el hilo de una araña. Pero con todo, lo que creo debería destacarse aquí es la multiplicidad de estilos con que el autor registra las acciones de los personajes de la novela: todos están poseídos por una búsqueda despechada de felicidad, algunos lo llaman liberación, pero del registro del relato del emperador a los sentimientos del Cosca dando una paliza a un infeliz media un aparente abismo que sólo un escritor de la categoría de Goytisolo podría llevar a feliz término. De hallazgos de tal calibre está llena la novela.